Cada temporal lluvioso sirve para hacer recordar a nuestras autoridades
los peligros que rondan en las riberas de nuestra quebrada, cuyos orígenes se
iniciaron después de 1960, cuando los angurrientos «colonizadores»,
urbanizadores y demás pobladores, empezaron a devastar las riberas que hasta
ese tiempo estaban cubiertas de tupida vegetación.

En
reciente recorrido por los trabajos de «refuerzo» que vienen haciendo, a simple
vista se aprecia un gran desnivel entre el cauce de la quebrada y la calle que
debe servir de «malecón», que si la piensan nivelar o rellenar, las viviendas
quedarán cubiertas más de la mitad y como se ha visto, las aguas en temporales
como éstos, no respetan nada.
El peligro
es latente y quienes conocemos un poco de estos temas, no hay duda que en
cualquier momento el «inofensivo» «Amojú» podría recuperar su cauce que tuvo
hasta antes de 1928.
Definitivamente, los técnicos que han
proyectado la llamada «defensa ribereña», debieron investigar un poquito más
para no invertir en vano tanto dinero, pues no se pensó que los temporales en
los ríos arrastran enormes árboles que sirven de atajo al cauce, se represa el
agua y se desborda. Esto, es inminente y si algo pudiera hacerse para evitar tragedias, debería
restrin girse las autorizaciones para la construcción de viviendas por esos
lugares.