Si es que aún nos queda la capacidad para ofuscarnos e indignarnos,
sería la mejor reacción ante una afrenta pública, una burla y un vejamen que
solamente una sarta de cojudos jaeneses podríamos soportar.
Empezando
por el COJUDO MAYOR (con el
respeto que se merece nuestro alcalde),a los cojudos menores nos queda seguir
aguantando este baldón que nos pone en el más despreciable ridículo ante los
pueblos del Perú.

Pero el motivo de esta catarsis nororiental, va más allá, cuando miramos a
ese pedestal que termina por destruir o arruinar la miserable belleza de ese
obelisco y nos suponemos que los
ejecutores de esa obra colocaron ese
otro armatoste para la consabida placa recordatoria con las que acostumbran a perennizar sus
obras los políticos que desfilan por nuestros gobiernos. Y nos aventuramos a pensar que nuestro
alcalde, a quien vemos ahora muy reciclado, circunspecto, cauto y muy
cuidadoso, dudamos mucho que
pueda cometer el desliz de permitir le coloquen una placa de bronce con su
nombre. Dudamos que lo permita; porque en primer lugar, él no es el autor de
ese disparate que le llaman obelisco, en segundo lugar, esa obra tiene muchas
interrogantes que la empañan, empezando desde las cartas fianzas y las
presuntas coimas que recibió el tristemente célebre ex-teniente alcalde LLIQUE
VENTURA; por lo que en nombre del
más amplio sector pensante de Jaén, nos permitimos alcanzarle esta modesta sugerencia,
para que mande demoler ese pedestal y en
segundo lugar, NO MAS COJUDEAR a
este pueblo y si el diablo ya está
amarrado y así entregado, que allí nomás se
quede.